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J.L.Meneses

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3 de mayo de 2022

Glaciar Perito Moreno

El Calafate, Patagonia Argentina

 

               “En la naturaleza nada es perfecto y todo es perfecto. Los árboles pueden estar torcidos, curvados de manera extravagante, pero de cualquier modo ser bellísimos”, Alice Walker.

 

               El mundo está lleno de lugares que dejan “pasmao” hasta al más insensible de los mortales. Y uno se pregunta, ¿qué tiene la naturaleza que nos atrae como un imán? Si como dicen la fuerza de un imán depende de su tamaño, ahí estaría la explicación, porque no hay nada más grande que el universo con su naturaleza. Dándole vuelta y vuelta a esta chuleta que se mete entre ceja y ceja, se hace más firme la conclusión de que no decidimos los viajes, sino que es la naturaleza, desde la gota de agua más insignificante hasta la cima de la montaña más alta, quien, con la fuerza de un gigantesco imán, nos lleva hasta cada destino. Visto lo cual, lo mejor es no resistirse, dejarse atraer, porque adonde te lleve la naturaleza siempre habrá algo que te dejará “pasmao”. Así quedé yo cuando, rotas las cadenas que me mantenían in situ dejé que, sin resistencia alguna, me atrajese el Perito Moreno.

 

               Como escribió Alice Walker, nada era perfecto y todo era perfecto. Simplemente era natural y estaba allí esperando dar gozo al alma y, sin necesidad de aditivo alguno, se mostraba modestamente maravilloso tal como puede verse en el brevísimo instante que captó el objetivo de mi cámara. Sesenta metros de frente avanzando lentamente entre altas montañas tupidas de verdes cabellos. Hechizado por su belleza, hoy dormimos juntos en una de las suites de mi memoria y no hay noche que me duerma sin recordar que la naturaleza no es fruto de nuestro esfuerzo, que no nos pertenece, que ya estaba cuando llegué y permanecerá cuando me haya ido. Siendo una evidencia palmaria, lo que nos hace honorables en esta vida es convivir en armonía con ella ya que nos da todo por nada, incluso cuando se cabrea.

 

               Este milagro de la naturaleza que es el glaciar Perito Moreno se encuentra entre los océanos Atlántico y Pacífico al sur de las Américas, en la rabadilla de la cordillera de los Andes, en la Patagonia Argentina, allá, donde rondó nuestro insigne marinero Magallanes antes de doblar el Cabo de la Once Vírgenes y entrar en el estrecho que lleva su nombre para dirigirse a la Tierra del Fuego. Le bautizaron con ese nombre en memoria del explorador Fernando Perito Moreno que, casi cuatrocientos años después de la “magallanada”, ascendió con la goleta Santa Cruz el río que le llevó al Lago Argentino.  Él, no llegó a ver el glaciar. ¡Cómo me hubiera gustado viajar en esa goleta…!, pero no, fue un autobús el que, en 4 h y por 5 €, recorrió algo más de 300 km desde Río Gallegos, en la costa Atlántica y al sur de la Patagonia, hasta la ciudad de El Calafate en Lago Argentino.

 

               El Calafate es una pequeña ciudad a orillas del Lago Argentino. Es la ciudad de referencia para visitar el Parque Nacional de Los Glaciares, de unos 17.000 km de extensión y en el que se encuentra el Perito Moreno. La ciudad se fundó a principios del siglo XX. Antes, vivían allí los indios tehuelches o aonikenk cazando guanacos/as hasta que el gobierno argentino puso en valor esas tierras, las expolió y estableció en El Calafate un centro donde se comerciaba lo habido y por haber en esas tierras. Hoy, una cincuentena de años después y gracias al interés turístico por el Glaciar Perito Moreno, la ciudad se ha orientado a satisfacer los intereses de los viajeros y procurarle servicios que se adaptan a todos los bolsillos. El Calafate es una ciudad bonita, cuidada, de edificios bajos y calles con comercios que invitan al paseo. Hay que tener en cuenta el clima, en general frío y seco, que puede superar los 15° en enero (su verano) y descender hasta los -15° en julio (su invierno, días cortos y nieve). Creo que lo mejor es ir en las dos temporadas, siempre que uno sea capaz de adaptarte a las circunstancias climáticas y no climáticas, porque la belleza del entorno muestra su esplendor en todo momento.

                    La Oferta hotelera es amplia y variada como en la mayoría de los lugares turísticos. Los hay de aquellos que los clientes califican de “fabuloso” a 150 € noche y otros que el cliente califica de “fabuloso” a 20 € la noche. Siendo fabulosos ambos, opté por la segunda opción, el Yeah Hostel, ya que incluía seis literas en la habitación con la posibilidad de ir cambiando de cama si no estaban ocupadas y, otra ventaja, podías cocinarte una tortilla española con tus huevos y patatas y sin que nadie se inmiscuyese en tus asuntos culinarios. Eso sí, sea cual sea el que escojas, en todos te darán información suficiente para moverte por su acogedora ciudad: visitar el Glaciarium, un centro de interpretación y museo de los glaciares de la Patagonia, en el que además puedes tomarte un refresco en su bar de hielo; merodear por las calles del centro llenas de pequeñas tiendas de recuerdos, de ropa, de restaurantes y cafeterías y de todo aquello que puedas necesitar como un piolet, una cuerda, unos crampones… para subir al Cerro Moreno y desde su cima verle la coronilla a Perito Moreno.

               Antes o después de bajar del Cerro Moreno, de visitar el Glaciar Perito Moreno, la Laguna Nimez con su fauna y flora, las Cuevas de Valichú con sus pinturas rupestres o el lago Viedma, puede uno acercarse a la parroquia de Santa Teresita en el centro de El Calafate y, en su silencio, con la luz que penetra dulcemente tamizada por una pared de cristal,  recordar a los seres queridos y enviarles una plegaria: a tu niño Jesús, a tu Ángel de la guarda y a tu arcángel Daniel que, con su joven apariencia y su bondad infinita, nos recuerda y emplaza al amor universal y por descontado, a la naturaleza. Todo en orden, y tras meditar y relajarnos gratuitamente en esos espacios que ponen a nuestra disposición las diferentes religiones, volvemos al camino bajo ese cielo azul que siempre nos acompaña.

                    Sin perder el cielo de vista y a tan solo a un kilómetro del centro se muestra con todo su esplendor la Laguna Nimez, una reserva ecológica en la que los flamencos vuelan como ángeles, los cisnes, bandurrias, patos… chapotean sobre las frías aguas mientras los teros cantan, anuncian lluvias y alertan sobre la presencia de intrusos. Más de 80 especies al alcance de tus sentidos mientras paseas, por un sendero de 2,5 km trazado para que no te pierdas ni un solo detalle, entre flores, humedales y una vegetación típica de la Patagonia. Atendiendo a las indicaciones de Machado, “se hace camino al andar”, continuamos andando y en menos que canta un gallo te plantas en las orillas del Lago Argentino, el segundo más grande la Patagonia después del Fagnano, que se encuentra en la Tierra del Fuego. Ojo, no estamos hablando de la bañera de casa, lo hacemos de una superficie de casi 1.500 Km² y de una profundidad que supera, en el sitio más hondo, la altura de un edificio de 170 pisos.

              

                      Allí, en el Lago Argentino, desaguan los glaciares de las estribaciones de las altas montañas andinas, frontera austral entre Chile y Argentina, siendo el Perito Moreno el más conocido y visitado. Hoy se le considera la octava maravilla del mundo y ha sido declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Estos prestigiosos reconocimientos hacen que el turismo aumente, los precios se disparen, y que haya que buscar el momento idóneo para hacer el viaje. Para no encontrarte media humanidad visitando su patrimonio, incluido un multitudinario coro de niños cantando “que llueva, que llueva la Virgen de la Cueva…”, lo mejor es ir durante los meses de enero y febrero, porque además de ser una época en la que la mayoría de gente trabaja, el clima es seco, los cielos están despejados, la temperatura oscila entre 8 y 18 grados y , el silencio que requiere la ocasión compite en decibelios con el que uno se encuentra en la parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús.

               El Perito Moreno se encuentra a unos 80 km de El Calafate, tiene una anchura de 4,5 km, una superficie de unos 250 km². Su pared frontal, de unos 60 m de altura (unos 20 pisos), dicen que avanza unos 2 metros al día y que en ese caminar se producen espectaculares rupturas sin un patrón definido ni calendario fijo. El Perito Moreno, junto con los otros glaciares patagónicos, son una de las reservas de agua potable más importantes del mundo. Es tanta la belleza del entorno, que hay viajeros que acuden caminando, otros lo hacen en moto, en coche, en autobús y hasta se puede ir en barco, como los que parten de Puerto Soledad en el Lago Argentino y que ofertan hasta tres días de navegación y una suite con una cama de 3x3, aproximadamente, en la que puedes espatarrarte mientras contemplas los glaciares. Claro que el caprichito puede costarte alrededor de 5.000 €, sin incluir las propinas. Sea como sea que vayas, el Perito Moreno va ha quedar anclado en tu memoria y va a hacerse presente cada detalle que viste cada vez que lo nombres.

 

                    El glaciar está vivo y baila, como las hojas del otoño que caen de los árboles, al son de la música que la naturaleza interpreta con sus variados instrumentos. Es una partitura continua, sin principio ni fin y sin que se repita un solo acorde porque El Perito Moreno nunca es el mismo. Aunque lo veamos igual en las miles de fotografías de las agencias o de los turistas, cambia a cada instante mostrándose espectacular ante el corazón sensible. En su lento caminar bajo el palio celestial por el Canal de los Témpanos o por el Brazo Rico, nos muestra sus infinitas tonalidades de color, sus diferentes texturas y tamaños y, al desprenderse de sí, nos obsequia con imágenes y sonidos estremecedores. El último desprendimiento destacado se produjo el 11 de marzo de 2018, por la noche y no lo vio ni el que dormía en la suite de 5.000 €.

               Para finalizar y, dicho sea de paso, el próximo mes de junio publico un nuevo libro con el título “El baile de las hojas” y estoy convencido de que será del agrado hasta de aquellos que no tienen afición por la lectura, pero que tampoco les agrada ver sus estanterías sin algún que otro libro. La portada y el lomo, vestidas de una blanco Perito Moreno,  se los dedico a ellos.